sábado, 3 de octubre de 2015

Ahí muere el frio


Nos persiguen los fríos días de octubre, no hace tanto sol, mejor dicho no hay sol, son días de esos que me gustan, realmente ni mi mejor abrigo logra que me sienta cálida.



Ahí estaba yo, caminando lentamente con pasos firmes y la mirada en alto, escuchando algo que probablemente no todos conocerían. El frió calaba mi piel, mis manos eran más frías de lo normal y el ambiente se veía en tonos fríos, triste, melancólico, calmado, hermoso… caminaba y te pensaba.

En el trayecto algún niño se me cruzo me sonrió, le sonreí y naturalmente la sonrisa ya no se quitó me hizo meditar en la inocencia y en la sociedad, en la rutina y la apatía…la inocencia de un niño que le sonríe a una desconocida y que con esa pequeña acción te hace sentirte humana y no tan sola, que sin saberlo ese niño alegro una aunque quizá pequeña parte pero alegro mi vida. Esta sociedad esta tan podrida, la apatía nos ha ganado, el miedo y la inseguridad, ahora ya todos caminan de prisa, te ven sin observarte solo para checar que no seas algún maleante, ya no hay sonrisas de cortesía, ayuda a quien la necesita…el frió empieza a quemar mi piel.

Caminaba y para ese tiempo ya sonaba Franz Schubert Op.142 Impromptu No.4 in F minor y decidí con la alegría de la melodía reírme un poco de tanta apatía, ver correr a las personas al ritmo de tan alegre melodía, sentir sus miradas de confusión al verme sonreírles… no los conozco espero que sean felices.

Entre tanto pensamiento me perdí un momento, ya iba un poco retrasada, bueno igual y te daba tiempo de terminar tus pendientes aunque ya moría de ganas de sentir tu mirada y que la causa de la sonrisa ahora fueras tú.

Apresure el paso y esta vez me propuse dirigir a una gran orquesta, dirigir a la ciudad en constante movimiento, gente corriendo, novios sonriendo otros tantos discutiendo, niños jugando a corretearse, alguna anciana de compras y los policías vigilando que aquel perro en la esquina no se comiera sus rosquillas. La ciudad tiene vida… realmente hace frió.

A pocos metros ya me encontraba, el parque era mi vista se veía tan lindo, tan solo y fresco, esta vez no había niños scouts, ni gente paseando sus perros o deportistas, estaba solo como para pensar en el universo, o leer algún buen libro… que frió tan exquisito.



A lo lejos (no tan lejos) una mirada y una sutil sonrisa, todo lo que yo necesitaba, todo lo que yo esperaba. El tiempo no se hizo esperar más corrí casi como toda aquella gente que en mi camino vi, corrí hasta quedar frente a él y ver sus ojos color miel, tomo mis manos heladas, las suyas eran cálidas había electricidad en su toque, lo mire con una sonrisa moderada, logre susurrar un –hola- otro de regreso fue lo que obtuve, un beso en silencio, lento, tierno, suave, caliente. Su cuerpo contra el mío en un abrazo fuerte…ahí muere el frió.



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